Por Juan Monserrat Castillo Molina
Lo que debía ser una tarde literaria terminó convirtiéndose en un episodio con fuerte carga política. La expulsión de Héctor Martín Garza González, “El Guasón”, del Museo del Ferrocarril de Reynosa, minutos antes de la presentación del libro de Paco Ignacio Taibo II, dejó más preguntas que respuestas y abrió la puerta a diversas interpretaciones sobre lo ocurrido.
Garza González fue interceptado por un grupo de mujeres identificadas con el SIAMARM, quienes le cerraron el paso al recinto como viles pandilleros, le reclamaron presuntas expresiones ofensivas contra las mujeres y terminaron lanzándole huevos, obligándolo a retirarse del lugar.
La escena se desarrolló frente a decenas de asistentes que llegaban para escuchar al escritor mexicano y en presencia de actores políticos de Morena, entre ellos el alcalde Carlos Peña Ortiz, quien arribó al museo poco antes del inicio del evento.
Sin embargo, más allá de la protesta, llamó la atención la ausencia de cualquier intento por contener la confrontación en un espacio público.
El político reynosense terminó abandonando el lugar entre insultos y agresiones, mientras los presentes observaban una escena que rápidamente desplazó el interés por la actividad cultural.
Para algunos asistentes, el episodio dejó la impresión de una puesta en escena donde unos personajes quedaron marcados como villanos y otros como víctimas.
En medio del escándalo, el nombre del dirigente sindical Alberto Bazaldúa volvió a colocarse en el centro de la conversación política local, señalado por diversos sectores como uno de los operadores detrás de la movilización.
Paradójicamente, el saldo político pareció favorecer a quien se buscaba exhibir. Las imágenes de Garza González abandonando el lugar bajo una lluvia de reclamos y proyectiles terminaron colocándolo en el papel de agraviado, mientras sus simpatizantes denunciaron intolerancia y persecución política.
Así, lo que comenzó como una protesta terminó otorgándole al “Guasón” una inesperada condición de mártir ante parte de la opinión pública, mientras quienes promovieron el enfrentamiento quedaron expuestos como protagonistas de una estrategia que, lejos de debilitarlo, podría haber fortalecido su narrativa política.
La presentación de Paco Ignacio Taibo II finalmente se realizó, pero para muchos de los asistentes el verdadero espectáculo ya había ocurrido en la entrada del museo.