Entre troncos y canciones: la historia de Don Virginio López
Por: Gloria Isela Treviño
Reynosa, Tamaulipas.- Cuando el trabajo formal escasea y la edad comienza a cerrar puertas, hay quienes se detienen y otros descubren un talento que siempre estuvo ahí. Ese es el caso de Virginio López López, un hombre próximo a cumplir 65 años que encontró en la madera una forma digna de seguir adelante y de expresar su creatividad.
Don Virginio, conocido por muchos como “El Diamante”, se dedica al tallado artesanal en madera, un oficio tradicional mediante el cual transforma troncos, principalmente de mezquite, en molcajetes, tablas para cortar carne y figuras religiosas, todas elaboradas a mano. Cada pieza nace del ingenio y la paciencia, sin moldes ni producción en serie. “La mera verdad que me gusta lo que hago, me siento a gusto con lo que hago”, expresa con sencillez.
Esta labor comenzó hace ocho años, cuando la falta de oportunidades laborales se volvió una realidad. “Ya no hay chamba para nosotros, ya estamos en la edad que no nos contratan”, reconoce. Lejos de resignarse, empezó a trabajar la madera de manera autodidacta. Nunca antes había elaborado molcajetes ni figuras, pero con observación, práctica y constancia fue perfeccionando la técnica hasta lograr piezas funcionales y estéticamente cuidadas.
Al inicio, elaborar un molcajete podía tomarle hasta un día completo. “Cuando empecé, me tardaba un día en hacerlos”, recuerda. Hoy, gracias a la experiencia y a herramientas que llegaron en momentos clave, puede terminar una pieza en aproximadamente una hora. Detalles como las patitas, las tapas y los acabados surgieron de su propio criterio, al notar que la gente ya le pone más atención cuando va bien terminado, mencionó
Para Don Virginio, el origen de su habilidad tiene un componente esencial: la fe. “Gloria a Dios… estar cerca de Dios es lo que nos da la habilidad”, afirma. En ese camino, recuerda con especial gratitud el día en que un desconocido llegó y le regaló una herramienta que facilitó su trabajo, un gesto solidario que él interpreta como un “ángel que me mandó Dios” en el momento preciso. La naturaleza, sostiene, ofrece todo: “La naturaleza te da todo, nomás hay que pedirle a Dios la creatividad”.
Pese al desgaste físico y a las limitaciones propias de la edad, continúa trabajando con cuidado y responsabilidad. “Ya estamos grandes y hay que cuidarnos para que no se nos desbaraten los huesos”, comenta. Aun así, el gusto por el oficio y el reconocimiento de quienes aprecian su trabajo lo motivan a seguir, convencido de que la constancia también es una forma de gratitud.
En su espacio de trabajo están la motosierra, el pulidor, las figuras religiosas y, de fondo, las canciones que nacen cuando una idea lo lleva a escribir. Porque además de artesano, Don Virginio es compositor. Cuenta con cerca de 300 temas registrados en Indautor, los cuales interpreta a capela. “No soy músico ni cantante, pero canto lo mío”, dice.
Algunas de sus composiciones han sido grabadas por agrupaciones y cantantes del norte del país, aunque él habla de esos logros con modestia. Para Don Virginio, componer es otro don que le fue concedido. “Todos tenemos un don o varios dones, nomás hay que descubrirlos y no tener miedo”, reflexiona.
La historia de Don Virginio López refleja la vigencia de los oficios tradicionales, la fuerza de la creatividad y la importancia de no rendirse ante la adversidad. Es testimonio de que el talento no tiene edad y que, incluso en tiempos difíciles, siempre es posible abrir camino con trabajo, fe y perseverancia.